Las dos caras de la diplomacia latinoamericana

El pasado lunes 31 de Agosto, se reunió de manera extraordinaria el Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA). El motivo: la crisis fronteriza que viven Venezuela y Colombia, enfrentadas por el cierre de la frontera que las divide en las localidades de Táchira y Cúcuta, junto con las deportaciones de ciudadanos colombianos en territorio venezolano. Ambas medidas ordenadas, defendidas y ampliadas por el presidente Maduro, así como protestadas por el presidente Santos.

El 30 de Junio pasado, ese mismo Consejo Permanente de la OEA estuvo reunido para tratar el Plan Nacional de Regularización propuesto por el gobierno dominicano, único proceso masivo de regularización de extranjeros que actualmente se ejecuta en el hemisferio occidental y que busca regularizar el estatus de cientos de miles de indocumentados. Sin embargo, dicho plan ha sido ampliamente satanizado ante la “posibilidad” de deportaciones masivas. En esa misma sesión, con intensidad variada, fue visible la parcialidad de muchos de los Estados miembros con Haití. Incluyendo, de manera diplomática, al Embajador Roy Chaderton, representante de Venezuela.

Sorpresivo el que tan solo dos meses más tarde, ante deportaciones arbitrarias, masivas, comprobadas e incluso defendidas por el gobierno venezolano, quienes hicieron escándalo global por lo que nunca ocurrió ni va a ocurrir en República Dominicana, permanecen en un diplomático silencio. De su lado, el Embajador Chaderton da un giro y asume el mismo discurso que con fundamentos exponemos los dominicanos. Dice que la verdadera crisis humanitaria no son las deportaciones sino el éxodo de colombianos al exterior. Incluso, habla de poner la frontera en orden para que no caiga en el contrabando y el narcotráfico; resalta la tradicional solidaridad de su país con Colombia, y que es un estado modesto que no puede hacerse cargo solo y pide que lo que es un problema entre dos estados no se vuelva algo multilateral.
El Sr. Chaderton llamó a votar en contra del pedimento de Colombia a convocar la reunión de cancilleres para tratar el tema. La votación de los miembros es digna de análisis. 17 países votaron a favor de la propuesta, es decir, en contra de Venezuela, incluyendo una buena parte del CARICOM que durante años había votado en pleno por todo lo que viniera de PDVSA mientras estaba fortalecida y que ha sido uno de los principales azotes de República Dominicana en el tema migratorio. Jamaica, cuya premier Portia Simpson-Miller ha estado a la cabeza de dichos ataques, estuvo entre esos 17 países. Además, 11 países se abstuvieron a la hora de votar. Entre ellos, el nuestro, lo cual consideramos como acertado pues si no nos gusta que se entrometan en nuestros temas bilaterales, lo coherente es no entrometernos en los de los demás.

Solo 5 países votaron en contra, obviamente los del ALBA (Ecuador, Bolivia, Venezuela y Nicaragua) pero con otro voto extra, el de nuestro vecino, Haití. El mismo que con su “lobby” ha llevado por todo el mundo denuncias de deportaciones masivas que solo están en su imaginación, que sabotea toda conversación bilateral, no titubeó a la hora de oponerse a que Venezuela recibiera el mismo trato que motivan y aplauden contra República Dominicana.

Hay quienes rasgan vestiduras y derraman lágrimas en nombre de los Derechos Humanos siempre que no se trate de sus aliados políticos y benefactores económicos. Tarde o temprano, las falsedades son expuestas y se habrá confirmado que hemos estado del lado correcto de la historia. Los dominicanos siempre hemos dado ayuda y refugio dentro de lo que permiten nuestras posibilidades con un trato humano y apegado al Estado de Derecho. Otros, no pueden decir lo mismo.

Víctor Bisonó
Presidente del CAPP