Radiografía de la coyuntura política de Haití

Entrevista a Joseph Harold PIERRE

Profesor de economía en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM) y ciencia política en la Universidad Iberoamericana (UNIBE) en Santo Domingo. Coordinador de la organización de jóvenes profesionales haitianos llamada NAPSA (Siglas en Creole haitiano de “Estamos Salvando a Haití”) cuyos objetivos son el desarrollo económico, la consolidación democrática y la cohesión social y cultural de Haití. Colaborador del Centro de Capacitación para Políticas Públicas (CAPP) en Santo Domingo, y representante de la Red Latinoamericana de Jóvenes por la Democracia en Haití.

1 – Privert anunció en días pasados que continuará en el poder hasta que el Parlamento elija un nuevo presidente interino, ¿Cuáles consecuencias podría traer esta decisión?

Antes que todo, quiero esclarecer un poco la pregunta. Privert no está esperando la elección de un nuevo presidente, sino que “la asamblea nacional tome las disposiciones que se impongan” respecto  al término de su mandato, conforme al artículo 7 del Acuerdo del 5 de febrero que le dio acceso a la presidencia. Hecha esta aclaración, creo que la declaración del presidente interno se inscribe en la letra y espíritu del mencionado documento que evitó una crisis mayor en  Haití a inicio de este año.

En la coyuntura actual y leídas a través de un prisma político-institucional,  las consecuencias de la decisión de Privert de mantenerse en el poder resulta ser una pregunta segundaria. La pregunta fundamental y no menos espinosa es cuáles son “las disposiciones que se impongan”  al terminar estos 120 días. Como ciudadano haitiano muy preocupado por la situación de mi país y por mi convicción inquebrantable de que el desarrollo de Haití pasa NECESARIAMENTE por el fortalecimiento de las instituciones, entiendo que la prolongación del mandato del presidente provisional es la decisión sabia, la “que se imponga”.

Tomo esta posición por varias razones. Primero, dado el disfuncionamiento de las instituciones haitianas, era ingenuo pensar que las elecciones pudieron organizarse en cuatro meses. Este lapso, como bien se ha visto, era suficiente sólo para la formación de un nuevo organismo electoral (el cual es el número 19 mientras que tendría que ser el tercero por mandato constitucional), la realización del trabajo de la Comisión Independiente de Evaluación y Verificación Electoral (CIEVE), y la inscripción de los candidatos. Segundo,  el organismo electoral precisa de un fortalecimiento técnico y estratégico que va más allá del cambio de sus 9 miembros. No se podía esperar esta transformación de un aparato garantizador (u obstaculizador) de elecciones transparentes, y dotada de la capacidad de romper la espiral de crisis postelectorales en tan poco tiempo. Es más, ahora mismo, esta estructura a la cual hago referencia aún no se ha establecido de cara a las contiendas de octubre. Tercero,  allende un trabajo técnico, la ausencia de consenso, por lo tanto el déficit de liderazgo, en la política haitiana ralentiza el ritmo de los procesos políticos en el país. En el marco de este gobierno provisional, la ratificación del Primer Ministro constituye una prueba prístina de ello. En efecto, se ha tomado más de un mes para llegar a un primer ministro que satisfaga los intereses de la mayoría. Aquí sería necesario analizar la eficiencia de  los “bajaderos” ofrecidos por la constitución haitiana en periodo de crisis; pero tal estudio desborda el alcance de esta entrevista. En resumidas cuentas, la lentitud del proceso es sintomática de los males que padece la sociedad haitiana, entre ellos debilidad institucional y ausencia de liderazgo. La forma de evitar que se alargue la transición más allá del 7 de febrero de 2017 es dejar que Privert y su gobierno encaminen el proceso electoral hacia su término.

2 – ¿Qué otros candidatos están aspirando a esa posición?

La elección del presidente del Senado como presidente provisional fue el resultado de un consenso político que desborda el marco constitucional. En caso de que la asamblea ponga fin al mandato de Privert, conforme al artículo 149.1 de  la Carta Magna haitiana, le incumbe al consejo de ministros bajo la presidencia del Primer Ministro, llenar el vacío generado. De paso, la misma crítica que le hice al Acuerdo del 5 de febrero por su falta de realismo vale también para el artículo. 149.1 de la constitución y la ley electoral. En efecto, dichos textos estipulan que en caso de una vacancia presidencial, los comicios para elegir a un nuevo presidente deben realizarse entre 60 y 120 días luego de la vacancia. Sigo enfatizando que las deficiencias institucionales no permiten realizar elecciones en un tiempo tan corto. Ahora bien, volviendo a la pregunta de partida, cabe decir que históricamente y conforme a la constitución del 1987 (antes de la reforma del 2012), el presidente de la Suprema Corte de Justicia asumía la vacante presidencial. El caso más famoso es el de Ertha Pascal Trouillot, primera mujer presidenta de Haití, y que además organizó las primeras elecciones democráticas del país. Así pues, en la coyuntura actual, Enex Jean-Charles, Primer Ministro,  es el funcionario que legalmente puede aspirar a este puesto, y Jules Cantave, Presidente de la Suprema Corte de Justicia, en el marco de un eventual consenso y bajo la influencia del peso de una tradición.

3 – ¿Cuál o cuáles podrían haber sido la causa para que el Parlamento no tuviera quórum?

La causa principal y única de la ausencia del número de parlamentarios requeridos para el quórum son los intereses individuales. Si bien es cierto que los parlamentarios están divididos en dos bandos: los que optan por la continuación de Privert y los que anhelan su salida del poder. El primer grupo es encabezado por los partidarios de Lavalas (o sea del de la candidata Maryse Narcisse) quienes proyectan a Aristide en Privert. Además, se inscriben en este bando los simpatizantes de Préval, aliado de Jude Célestin, los fanáticos de Moïse Jean-Charles, y todo aquel (en el ámbito político o de la sociedad civil) que estuviera en desacuerdo con el gobierno de Michel Martelly y la celebración de la segunda vuelta de las elecciones anuladas. Por su parte, el segundo grupo está constituido por el llamado “Alianza democrática (Entente démocratique)” que engloba al partido PHTK (de Michel Martelly)  bajo el cual se presenta Jovenel Moïse, el partido KID del ex-Primer Ministro Evans Paul y otros aliados. Es importante recalcar que esta división no resulta de fracturas ideológicas sino de ambiciones particulares. En Haití, a cada nuevo gobierno, hay una separación del pastel, como reza el dicho popular. Así pues, las luchas se explican sencillamente por la codicia de los puestos al caer un gobierno.

Finalmente, cabe recordar que ya fueron fracasados dos intentos de asamblea nacional los días 13 y 21 del mes corriente. La excusa del primer fiasco fue la incapacidad de entenderse sobre la agenda del día, mientras que se arguyó la falta de seguridad como pretexto del segundo infortunio. Sin embargo, es de mencionar que, por cierto, partidarios de Privert crearon un clima de inseguridad frente al parlamento. Pero, eso no es algo nuevo que hubiera impedido a la celebración de la Asamblea. Esperamos que se tomen todas las medidas de seguridad necesarias y que no se manifieste ningún espíritu de boicot de parte de los parlamentarios, para que, finalmente, sesione la asamblea nacional el próximo 28 de junio, tal como fue anunciado.

4 –  ¿Cómo podrían afectar o ayudar en el futuro político de Haití, las decisiones que se tomen de ahora en adelante?

Antes que todo, hay que especificar las decisiones que puedan tomarse en la coyuntura actual. Son varias, pero me enfoco en estas dos que me parecen de las más relevantes: la suspensión o continuación del mandato de Privert, y la celebración de las elecciones sin la ayuda de la comunidad internacional.

Respecto a la primera medida, un consenso de la asamblea general que prorrogue al mandato de Privert hasta el 7 de febrero de 2017 significa un paso hacia el retorno al orden constitucional, única garantía de la estabilidad política y económica. Tomar la decisión contraria tendría como impacto directo la emergencia de una crisis mayor al estallido popular en contra del ballotage pautado para enero pasado, una mayor debilidad institucional, y un endurecimiento mucho más fuerte de las posiciones políticas extremistas.

Por lo que atañe a la segunda decisión, o sea la de organizar las elecciones sin la ayuda de la comunidad internacional, es un tema muy espinoso. En efecto, las elecciones de la era democrática haitiana, excepto los comicios del 2011, siempre han sido financiadas por la comunidad internacional. Las elecciones pasadas fueron financiadas principalmente por los Estados Unidos que desembolsó 33 millones de dólares, las Naciones Unidas y el llamado “Core Group”, una agrupación de países e instituciones compuesto por Francia, Canadá, Brasil, España, la Unión Europea y la OEA.  El PNUD era la institución que administraba estos fondos. Hoy en día quedó tan sólo menos de 10 millones dólares del dinero destinado a las elecciones del año pasado. Los comicios del próximo 9 de octubre costarán 55 millones de dólares de los cuales el Estado haitiano dispone de 30 millones. ¿De dónde provendrá el monto faltante? ¿Del tesoro público o de la comunidad internacional? Hasta ahora ninguna institución de la comunidad internacional ha manifestado su voluntad de apoyar financieramente las elecciones. Este silencio se explica por el que dicha comunidad haya optado por la celebración de la segunda vuelta de las elecciones pasadas. Si la OEA, a través de varias declaraciones de su Secretario, Luis Almagro, dice apoyar el actual proceso, los Estados Unidos, por su parte, aunque afirma reconocer la presidencia interina de Privert, aún no se ha pronunciado, mientras que la Unión Europea rechazó las recomendaciones de la Comisión de evaluación y verificación, respecto a la anulación de las pasadas elecciones,  y puso fin a su misión de participación electoral en Haití.

La organización de las elecciones sin el apoyo de la comunidad internacional podría significar una mayor independencia del proceso electoral. Sin embargo, cabe preguntar si, racionalmente, el país tiene los recursos para este sacrificio, o si no sería mejor que se visualizaría como una meta de mediano plazo, o sea para las elecciones del 2021. Además, la no financiación de los comicios por la comunidad internacional no constituye de por sí – y eso de ninguna manera –  el respeto de la voluntad popular; pues los haitianos son los primeros que quieren cambiar los resultados. De todos modos, se necesitará la observación de la comunidad internacional, pese a que los comicios pueden organizarse sin el apoyo financiero de esta última.

 

5 – ¿Cuál es el panorama de la sociedad?

El panorama de la sociedad haitiana en la coyuntura actual es el de una sociedad tensa, abatida, pero que no pierde sus esperanzas en que el país pueda enrumbarse hacia un nuevo horizonte diferente al caos que ha vivido desde la transición iniciada en 1987.

Hay un gran vacío de liderazgo. Si los 54 candidatos a la presidencia de las elecciones se prestaron a un escenario onírico, los 27 que se han inscrito para los comicios de octubre no constituyeron un panorama menos insólito, tanto que es inconcebible que haya tantos ciudadanos deseosos de servir a su pueblo pero incapaces de empezar este servicio, poniéndose de acuerdo para reducir el número de aspirantes. Aun así, el pueblo sigue creyendo que llegará un momento donde pueda haber, por ejemplo tan sólo 4 candidatos en elecciones presidenciales, en Haití. En estas presentes elecciones, serían los 4 más votados en las últimas elecciones. Los fraudes pudieron haberlos cambiado de rango, pero seguirán siendo los más importantes en elecciones libres y transparentes.

En lo económico, la depreciación de la gourde respecto al dólar ha ido en caída libre desde el año pasado, alcanzando el 30%,  de mayo 2015 (47.7)  a  mayo 2016 (62.1). Frente a esta situación, si no fuera por las remesas que representan más de dos mil millones dólares (alrededor de un cuarto del PIB), la crisis económica se habría revelado más drástica.

En resumidas cuentas, pese a la atomización de los partidos políticos, la debilidad de las instituciones, la mayor parte del pueblo se siente vencedor en la anulación de las elecciones pasadas y está lista para tomar el camino de las urnas el próximo 9 de octubre.  Espero que la asamblea nacional, si llega a unirse para sesionar sobre el caso de Privert, tenga la sabiduría de alargar el mandato del presidente provisional y que éste no trate de influenciar el aparato electoral a favor de los candidatos de sus familias políticas, a saber Jude Célestin y Maryse Narcisse, como ha venido denunciando Jovenel Moïse y sus partidarios.