¿Puede el capitalismo explicarse en pocas líneas? Gabriel Boragina

Hablando del avance de la enseñanza socialista en las universidades del mundo, dijo Mises: «Algunos de los profesores intentan refutar las acusaciones de intolerancia ideológica dirigidas a sus universidades y demostrar su propia imparcialidad, invitando ocasionalmente a un disidente no proveniente de su universidad para hablar a sus estudiantes. Esto es sólo una patraña. ¡Una hora de economía sana contra muchas de adoctrinamiento equivocado!. Quien esto escribe puede transcribir una carta en la que declinó una invitación semejante: «Lo que me imposibilita presentar el funcionamiento de la economía de mercado en una conferencia de corta duración –ya sea de cincuenta minutos o de dos períodos de cincuenta minutos—es el hecho de que la gente, influida por las ideas predominantes sobre los problemas económicos, tiene muchísimas opiniones equivocadas respecto de este sistema. Están convencidos de que las depresiones económicas, la desocupación masiva, el monopolio, el imperialismo y las guerras agresivas, y la pobreza de la mayor parte de la humanidad, son causadas por el libre funcionamiento de los métodos de producción capitalistas. «Si un conferenciante no desvanece cada uno de estos dogmas, la impresión causada en la audiencia no es satisfactoria. Ahora bien, refutar cualquiera de ellos requiere mucho más tiempo que el que me fue asignado en su programa.  Los asistentes pensarán: «No hizo ninguna referencia a este tema´ o `Sólo hizo unas pocas observaciones casuales sobre aquello´. Mi conferencia probablemente los reafirmaría en las equivocadas ideas que tienen del sistema… Si fuera posible exponer el funcionamiento del capitalismo en una o dos conferencias de poca duración sería una pérdida de tiempo que los estudiantes de economía permanecieran tantos años en las universidades. Sería difícil de explicar por qué deben escribirse libros voluminosos sobre este tema. Son estas razones las que me obligan, lamentablemente, a declinar su amable invitación.» (Ludwig von MISES; Planificación para la libertad y otros ensayos; con un apéndice de Murray N. Rothbard sobre lo esencial de von Mises; Centro de Estudios sobre la libertad, Buenos Aires, Argentina, págs 216 a 218.)

Son muchos los detractores que intentan refutar al capitalismo no solo desde la ignorancia de sus tesis fundamentales sino desde la falacia de pedir al expositor de las tesis capitalistas definiciones simples, concretas, claras y sencillas. Desde luego el capitalismo puede resumirse a definiciones simples concretas, claras y sencillas. Pero para comprender las mismas es imprescindible encontrarse profundamente compenetrado de sus fundamentos los cuales resulta imposible resumir en formulas simples, concretas y sencillas. No existe (ni puede existir) ningún curso acelerado y breve de capitalismo.

Es muy común que la formulación de las doctrinas básicas del capitalismo en forma resumida genere mayor confusión que claridad acerca de qué cosa sea en verdad dicho sistema social, de manera similar cuando en lo económico se intenta aplicar aisladas medidas capitalistas en un mare magnum de políticas económicas socialistas. Un despropósito total. Ambas cosas no pueden mezclarse impunemente y sin daño al sistema social.

Saber qué cosa en realidad es el capitalismo lleva muchos años de estudio, meditación y análisis de sus postulados. Y asombrosamente es justamente esto lo que provoca su rechazo, aun en gente que dice ser preparada. Ello es mayormente cierto si es que tenemos en cuenta que la enseñanza a la que hemos sido sometidos casi todos desde hace un buen tiempo a esta parte se encuentra profundamente influenciada por el «progresismo» (otro nombre más «aggiornado» para el marxismo socialdemócrata que domina el orbe en nuestros días).

Como cualquier pedagogo, maestro, educador, etc. sabe, si durante una determinada cantidad de años se ha venido vaciándole el cerebro a un educando desde sus más tiernos años hasta el momento de encontrarse con una disciplina novedosa y contraria a sus postulados aprendidos, la asimilación de cualquier teoría que contradiga el adoctrinamiento resultará chocante y será, prima facie, rechazada por el destinatario de la misma.

Mi experiencia como profesor confirma lo anterior cuando debo enfrentar la audiencia en las aulas de alumnos que durante los más tiernos años de sus infancia, adolescencia y juventud han sido expuestos sistemáticamente como dogmas de verdad, a los postulados socialistas y socializantes de nuestro tiempo.

Muchas veces los alumnos se impacientan cuando les digo que es imposible resumir en pocas palabras el capitalismo. Lo toman como un signo de debilidad o de falta de argumentación. Yo los comprendo (aunque no los justifico) por cuanto vivimos en una época de relajamiento cultural y educativo, donde todos los conocimientos se tratan desesperadamente de compactar a fin de tener un sumario lo más simple y reducido posible de lo que es necesario saber.

Este fenómeno va asociado con el relajamiento en el hábito de la lectura, que en nuestra sociedad mediática ha dejado por cierto de ser un hábito salvo en muy contadas personas. Relacionado con esto Alberto Benegas Lynch ha dicho: «es sabido que muchas personas son más sensibles a la palabra escrita que a la hablada. La influencia sobre ellos es mayor cuando leen un libro o artículo que cuando escuchan una conferencia o un alegato verbal. Mi experiencia personal en el debate de las ideas confirma lo anterior. Amigos con quienes solía discutir sobre el tema del liberalismo y el socialismo y avanzaba con ellos lentamente en el logro del convencimiento de la superioridad del sistema social de la libertad, ese convencimiento mi interlocutor lo alcanzó rápidamente tan pronto como abordó la literatura del prof. von Mises. Y esto es particularmente cierto cuando se trata de la magnifica obra titulada «SOCIALISMO». Con personas engañadas por la literatura socialista, me ha ocurrido que su lectura de este libro les hizo ver enseguida la luz de la verdad. El converso, aunque a menudo no lo confiese, a veces prefiere aparecer descubriendo él mismo la verdad sin que «alguien» se la haya hecho ver, no obstante haber sido precisamente el autor del libro que leyó quien lo sacó de su error. Sin desmerecer la importancia de las conferencias, cursos y seminarios, la lectura es generalmente más penetrante y permite al lector volver sobre determinados conceptos ya leídos para asimilarlos mejor. Por algo von Mises solía repetir que no hay mejor universidad ni mejor método para enriquecer los conocimientos del ser humano que encerrarse en el silencio de una habitación y concentrarse en la lectura de un libro esclarecedor que invite a la meditación. A mi juicio ningún estudioso de nuestros tiempos debería dejar de recurrir a la literatura de von Mises para completar su formación intelectual». (pág. X del Prólogo a la obra de Ludwig von MISES. Socialismo. Análisis Económico y Sociológico. Tercera edición castellana. Western Books Foundations.)

Resulta pues un despropósito total pretender resumir y compactar esta doctrina rica y elaborada incesantemente desde 1870 hasta nuestros días en unas simples palabras contenidas ya sea en un artículo o serie de artículos o en conferencias de pocas horas frente al enorme y popular mare magnum de la doctrina equivocada socialista que es ampliamente y popularmente aceptada en todos los centros académicos, políticos, periodísticos y hasta religiosos del mundo (o en su abrumadora mayor parte). Tratar de simplificar a su mínima expresión las enseñanzas capitalistas no es otra cosa que una nueva estratagema socialista para sacar del medio estas doctrinas que molestan y atentan contra la concentración de poder que persigue el marxismo socialdemócrata en todas sus formas, tanto el político como el económico principalmente.

Simplificar y reducir la doctrina capitalista a su mínima expresión forma parte de ese plan por el cual si en pocas palabras no se convence no se tiene nada para decir. Mientras tanto los socialdemócratas marxistas emplean horas y años de cátedra en la mayor parte de las universidades, para infectar el cerebro de sus alumnos con la degradante filosofía marxista que ha ocasionado en el siglo XX dos guerras mundiales de miles de otras de menor magnitud (pero no menos graves) y las mayores pobrezas, miserias y hambrunas de las que el mundo haya tenido jamás memoria.

Conforme dejan sentado los profesores mencionados más arriba sólo el estudio metódico y sistemático de los principios del capitalismo puede arrojar alguna luz sobre el interesado en su crítica. Pero la tarea es ciclópea. Es como tratar de limpiar una casa durante años abandonada y llena de residuos y más residuos para luego acomodar los muebles nuevos de la mudanza. Se trata de erradicar y evidenciar primero los gruesos errores de esta socialdemocracia marxista y luego, recién después de demostrados dichos errores, comenzar la tarea de explicación y fundamentación sobre qué cosa sea el capitalismo. De allí que resulte imposible exponerlo e intentarlo siquiera en pocas palabras, líneas o artículos conforme se ha explicado.

El conocimiento encapsulado no es conocimiento. Por lo menos no en materia de capitalismo, doctrina que no puede resumirse en unos pocos dogmas tal y como se puede reducir el socialismo. Aprender qué cosa es el capitalismo no es como aprender a reparar un bicicleta o un juguete de un niño. Ese es otro punto crucial que separa la enseñanza del socialismo de la del capitalismo. El socialismo, dado sus falacias, puede resumirse en unos pocos postulados. Simplifica las cosas a limites del absurdo. Se trata de una versión super simplificada de la sociedad. La sociedad real en tanto es muy compleja como para dejarse simplificar por las falacias socialistas. La idea es que el adepto no piense. Por eso se le vende la doctrina a través del slogan (algo así como «Todo va mejor con Coca Cola»).

De allí que la explicación de la sociedad real (desde la óptica capitalismo) lleve más tiempo. Pero el socialismo seduce porque aun en eso promete el paraíso en la tierra: mucho más fácil de entender y en muy pocas palabras. Esta es la explicación por la cual los slogan vacíos y hasta absurdos en su significación son tan caros y populares al socialismo. Los marxistas los repiten mecánicamente una vez aprendidos como un mantra sagrado. Jamás se detienen a pensar en qué diablos quiere decir lo que están diciendo. Si lo hicieran no lo repetirían.

Fíjense que el socialismo siempre se ha manejado con slogans de venta muy fuertes (resumiendo algunos famosos: …Hasta la victoria siempre, seremos como el che, proletarios del mundo uníos, etc.). Pasan el aviso repetitivamente y el aviso queda. El socialismo es fuertemente publicitario y por ello mismo vendible. Su técnica es la repetición constante. Hitler (que todo lo que aprendió y aplicó lo aprendió del socialismo soviético marxista leninista stalinista) se hizo famoso con la frase: «Una mentira repetida la cantidad de veces suficiente llega a convertirse en una verdad». Sin duda se trataba de un sagaz conocedor de la naturaleza humana.

El capitalismo es racional y como la teoría capitalista explica la sociedad real y la sociedad real es sumamente compleja, no puede ser reducida a slogan. Eso hace que sea menos asimilable para el estudiante y ni que decir del hombre de la calle. Para él directamente incomprensible. Lo sorprendente es advertir el mismo fenómeno en la gente culta, preparada y hasta en profesores universitarios. Sumemos a ello el facilismo que se inculca en nuestras universidades (sobre todo las estatales) desde donde los profesores buscan catapultarse políticamente mediante adoctrinamiento de sus alumnos enseñándoles doctrinas falaces.

Así como el socialismo es fácilmente vendible como la Coca Cola o como la marca de jeans Lewis, y promete grandes servicios a la humanidad, el capitalismo no promete un paraíso en la tierra sino que describe la realidad en términos de la sociedad en la que vivimos. Y el sentido común nos dice que la sociedad es sumamente compleja de manera tal que la descripción de esa realidad social debe merecer un mayor detenimiento en su estudio.

Hoy, sin embargo, como fruto de esa educación socialista, facilista, simplificadora, se abomina del esfuerzo, del estudio, la concentración y la lectura. Hasta se ha puesto de moda ridiculizar a los que leen y a los que sugieren leer (como nos pasa a muchos profesores en nuestras clases y fuera de ellas con amigos y otros conocidos). Todo esto indica que en materia de educación y para desgracia de la humanidad, el socialismo ha triunfado.

Recordemos que el propio Marx estigmatizaba a aquellos que pretendiendo adherir a su doctrina amenazaban con estudiar a fondo sus postulados. Marx prohibió el estudio de los dogmas socialistas en forma expresa convenciendo a su seguidores que el amanecer socialista avendría al mundo como una necesidad de la evolución. ¿Para qué hacía falta saber más?. Marx anatematizó con el rótulo de capitalistas burgueses clasistas a todos aquellos que pretendieran adentrarse científicamente y con espíritu crítico en los principios del socialismo. Al socialismo no se lo estudia, se adhiere a él conforme la doctrina del propio Karl Marx.

Dicha enseñanza prendió en nuestras generaciones pasadas y actuales de modo insospechado.