Análisis del Sistema de Elecciones Primarias en Chile

Por: Benjamín Lagos

Director de Alianzas

Fundación Soñando Chile

El pasado 2 de julio se celebraron nuevas elecciones primarias legales en el país austral. Sobre esta institución política de Chile, de reciente creación, analizaremos su origen, elementos, aplicación y, a modo de conclusión, sus efectos en el sistema político y de partidos.

  1. Origen

Desde 1990, cuando el Presidente Augusto Pinochet culmina la transición política traspasando el poder a su sucesor electo Patricio Aylwin, Chile ha dado diversos pasos en el perfeccionamiento de un régimen democrático cuya estabilidad es singular en América Latina. Entre otros avances, se modificó la composición del Senado aboliéndose la cuota de integrantes no electos (2005) y, a nivel local, se legisló la elección directa de concejales (1992), alcaldes (2004) y consejeros regionales (2013).

Otra de esas reformas es la que crea un sistema de primarias. Hasta hace pocos años, solo la Concertación, extinta coalición de centroizquierda, había celebrado cuatro internas (las presidenciales de 1993, 1999 y 2009 y la municipal de 2012), no amparada en preceptiva alguna sino por acuerdo entre sus partidos. En cumplimiento de la reforma constitucional de diciembre de 2009, fue aprobada, entrando en vigor en octubre de 2012, la ley que establece primarias para los cargos de Presidente de la República, senador, diputado y alcalde.

2. Elementos

El sistema chileno de primarias tiene cinco elementos esenciales: legalidad, voluntariedad, apertura, simultaneidad y eficacia.

El primero es la legalidad. Es por la Ley Nº 20.640 que, por mandato de la Constitución Política (artículo 19, número 15), se regulan los distintos aspectos de la elección, no siendo modificables por los partidos. Asimismo, la ley encomienda su organización al Servicio Electoral, ente estatal que, por reforma de 2015, está dotado de autonomía constitucional respecto al Ejecutivo.

Segundo, la voluntariedad. Los partidos o las alianzas de estos, los pactos electorales, son libres de celebrar primarias, según lo resuelvan sus máximos órganos internos. De igual forma, para el votante no es obligatorio participar, ya que desde reforma legal de enero de 2012 el sufragio en Chile es voluntario para elecciones y plebiscitos; con mayor razón, lo es en el caso de la primaria, para la cual no está habilitado el mismo universo de electores.

El tercero es la apertura. No solo están habilitados para votar los militantes de el o los partidos que celebren la respectiva primaria, sino también todos los ciudadanos independientes. Esto es conteste con el objetivo declarado del legislador de incrementar la participación electoral, que descendió de 88% en 1988 a 60% en 2009.

Cuarto, la simultaneidad: el mismo día (el vigésimo domingo anterior a la respectiva elección definitiva) celebran sus primarias todos los partidos y pactos que hayan resuelto emplear el mecanismo.

Por último, su eficacia: las candidaturas ganadoras quedan, por el solo ministerio de la ley, aceptadas para presentarse en la elección definitiva, y las perdedoras, a contrario sensu, inhabilitadas.

3. Funcionamiento

Hasta la fecha se han celebrado ocho primarias bajo este sistema: dos presidenciales y una parlamentaria en 2013, dos municipales en 2016 y nuevamente dos presidenciales y una parlamentaria en 2017. Las de 2013 y 2016 reprodujeron de cierta forma el sistema de partidos chileno, celebrando las primarias las dos grandes coaliciones: la Nueva Mayoría (centroizquierda) y la Alianza, luego Chile Vamos (centroderecha). En cambio, las de 2017 fueron novedosas porque la Nueva Mayoría no celebró primarias, a diferencia de Chile Vamos y de la nueva coalición izquierdista Frente Amplio.

3.1. Primarias presidenciales y parlamentarias de 2013

Las primeras elecciones primarias legales tuvieron lugar el 30 de junio de 2013. Celebró primarias parlamentarias en solo 10 distritos (de 60) un solo partido, el centroderechista Renovación Nacional (RN). En las presidenciales, por la Alianza, entonces gobernante, compitieron los ministros del Presidente Sebastián Piñera y ex senadores Pablo Longueira (51%) y Andrés Allamand (49%). Longueira un mes más tarde desiste de su candidatura por enfermedad; no fue reemplazado por Allamand -pues si el nominado queda impedido, el segundo no lo suple, sino que la ley deja en libertad de acción al pacto- postulando finalmente la ex ministra Evelyn Matthei (UDI). A su turno, en la primaria de la Nueva Mayoría se midieron la ex Presidenta Michelle Bachelet (73%), el ex ministro de Hacienda de Bachelet, Andrés Velasco (13%), el ex alcalde de la comuna de Peñalolén Claudio Orrego (9%) y el senador José Antonio Gómez (5%).

Contra todos los pronósticos de participación (que hablaban de 1 a 2 millones), de un padrón de 13.573.088 electores, 3.010.890 acudieron a votar: 808.002 por la Alianza y 2.142.070 por la Nueva Mayoría. Considerando lo predecible del triunfo de Bachelet y la escasa cultura de primarias de la derecha -esta fue la primera interna abierta de su historia-, esa cifra se aprecia aún más meritoria. Sin embargo, no deja de ser una proporción baja (22,18% del padrón). Y la tendencia a la baja participación no fue paliada por la introducción de este mecanismo: en la elección definitiva de noviembre de 2013 descendió a 49,36% y, en la segunda vuelta presidencial de diciembre, a un 41,98%.

3.2. Primarias municipales de 2016

Se verificó el 19 de junio. Para esta elección se encontraban habilitados 5.067.812 electores para votar en 93 comunas. En 53 de ellas la Nueva Mayoría celebró primarias y en 43, Chile Vamos (en 3 comunas hubo primarias de ambos pactos). El resultado final fue de 180.893 votos en la primaria de Nueva Mayoría y 86.438 votos en la de Chile Vamos, con un total de 282.084 votos emitidos (incluidos nulos y blancos): apenas un 5,56% de participación.

Las elecciones definitivas municipales, celebradas el 23 de octubre, registraron una participación de 4.931.041 electores, un 34,92% respecto del total de inscritos (14.121.316), la menor tasa en una elección definitiva en Chile desde el retorno a la democracia.

3.3. Primarias presidenciales y parlamentarias de 2017

Esta primaria fue atípica en relación con las anteriores, pues la coalición oficialista Nueva Mayoría por primera vez no participaba; sí lo hacía nuevamente Chile Vamos -precandidatos: ex Presidente Sebastián Piñera (58%), senador Manuel José Ossandón (26%) y diputado Felipe Kast (15%)- y por primera vez la nueva coalición de izquierda Frente Amplio -precandidatos: la periodista Beatriz Sánchez (68%) y el sociólogo Alberto Mayol (32%)-. Dicho nuevo bloque progresista también celebró primarias parlamentarias en 7 distritos (de 28).

Por la ausencia del pacto gobernante se pronosticó una baja participación (700 u 800 mil electores), tesis reforzada por la coincidencia con una final de campeonato de la selección chilena de fútbol. Sin embargo, y tal como en 2013, fallaron las previsiones. El pacto Chile Vamos alcanzó 1.418.138 votos y el Frente Amplio, 327.716. El total de sufragios emitidos fue 1.812.077, 13,61% del padrón electoral (13.307.439 electores). Cifra que, en efecto, superó largamente lo proyectado; pero que es una baja participación aun comparada con la primaria análoga de 2013. Sin embargo, tratándose de Chile Vamos, la coalición de centroderecha registra un alza considerable respecto de la primaria de 2013 (610.136 votos más: crecimiento de 43,02%), espoleada por el lugar expectante que las encuestas otorgan al ex Presidente Piñera, hasta ahora probable vencedor en la elección de noviembre.

4. Efectos de las primarias en el sistema político y de partidos

Las primarias, al ser legales y por tanto organizadas por Servel, permiten a los partidos que las celebran acceder a una infraestructura similar a la de las elecciones definitivas (recintos electorales, materiales, custodia de las Fuerzas Armadas y de Orden). Asimismo, la ley asegura un espacio televisivo gratuito y autoriza publicidad callejera y radial. No hay duda de que estas herramientas potencian el atractivo de esta institución democrática, incentivando a los partidos y pactos a organizarse para participar en ella. Si bien solo un número de dos espacios políticos han tomado parte en cada uno de estos procesos desde 2013, no es menos cierto que en la primaria de 2017 la Nueva Mayoría no participó debido a su alta desorganización y conflictividad interna, lo que fue públicamente reconocido por su dirigencia. Está por verse si el sistema de partidos se transforma después de este hecho, pero la baja votación que recibió el Frente Amplio no permite preverlo con claridad.

El resultado de la primaria presidencial hasta ahora opera como anticipo de la elección definitiva. El 53% de Bachelet (considerando ambas primarias 2013) se tradujo en la definitiva en 47% en primera vuelta y 62% en segunda; del mismo modo el 45% de Piñera en la primaria 2017 se muestra coherente con los sondeos presidenciales de cara a la elección. Con alta o con baja participación, la primaria dota al ganador, ante el país, de una expectativa de triunfo sólida y casi indubitada.

La utilización de la primaria parlamentaria ha sido en absoluto marginal: solo un partido en 2013 y un pacto en 2017 la emplearon, para una decena de distritos en cada caso. En esta materia, no solo ha habido reticencia de los partidos a liberar la designación de los candidatos. La introducción de un sistema electoral proporcional para las elecciones parlamentarias, que operará desde la próxima elección de noviembre, torna inútil el mecanismo de primarias, al permitirse en la mayoría de los distritos un número de cupos elevado (5 a 9) para cada partido o pacto.

Sin embargo, donde más ha fallado el mecanismo es en incentivar la participación. Las bajas cifras ya citadas no solo demuestran que el nuevo sistema no motivó mayormente la designación popular de candidatos, sino que hasta ahora ha fracasado en elevar la tasa de participación para las elecciones definitivas de que es antesala. La introducción del voto voluntario ha sido un factor decisivo, destacado por expertos, en el descenso de la participación electoral a niveles desconocidos en la historia democrática de Chile. Y todo ello trasunta al sistema de primarias, como proceso accesorio a las elecciones definitivas. El problema de la desaprobación ciudadana al sistema político, en especial a los partidos (menos del 20% en encuestas), explica a su vez el impacto de la voluntariedad en la participación.

Este nuevo mecanismo ha cumplido con dotar de estándares de certeza y seguridad jurídica, publicidad y transparencia a las primarias. Pero, contra la desafección de los chilenos frente a la política, no ha logrado constituirse en un aporte sustantivo. Una respuesta institucional adecuada está aún pendiente.